Section title text:  An FCJ Vocation.

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Fotos de Hermanas cuyas historias vocacionales aparecen a continuación. Foto de Alicia - ir a su historia vocacional. Foto de Afra - ir a su historia vocacional. Foto de Agnes - ir a su historia vocacional. Foto de MaryAnne - ir a su historia vocacional. Foto de Ann- ir a su historia vocacional. Foto de Luminiţa - ir a su historia vocacional. Foto de Mary Rose - ir a su historia vocacional.

Alicia Pérez, española
Afra Primadiana, de Indonesia
Agnes Samosir, de Indonesia
MaryAnne Francalanza, de Malta
Ann McGill, canadiense
Luminiţa Popescu, rumana
Mary Rose Rawlinson, canadiense

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Era a la vez emocionante, increíble, una locura, algo que me asustaba.
Alicia Pérez fcJ, Española

Alicia Pérez con otras hermanas FCJ.Me llamo Alicia. Soy española, entré en la Sociedad de las Hermanas Fieles Compañeras de Jesús en los Estados Unidos e hice mi profesión perpetua en 2006 en Salta, Noroeste de Argentina. Llegué a Salta hace cinco años. Nuestra comunidad está situada en un barrio muy marginal. Trabajo en este barrio y también soy profesora de Ingeniería Informática en la Universidad Católica de Salta.

La idea de una vocación religiosa me surgió de pronto mientras era estudiante de doctorado. Era a la vez emocionante, increíble, una locura, algo que me asustaba. Sinceramente no tenía mucho sentido para mí: estaba a mitad de un doctorado en informática y pensaba en hacerme monja?? Nunca había conocido a nadie en tal situación. ¡Y qué desperdicio de tantos esfuerzos! Además, soy muy independiente; seguro que no podría hacer voto de obediencia y vivir en comunidad con otras hermanas. Sí, me estaba dando todo tipo de razones por las que todo esto no tenía sentido. Pero al mismo tiempo tenía un profundo sentimiento de alegría y plenitud. Me iba dando cuenta de que Dios me estaba invitando a una relación más profunda y a ser parte de la misión de Jesús de proclamar el amor de Dios al mundo. Jesús dijo, “entrego mi vida libremente” (Jn 10,18). Por supuesto que no pretendo comparar mi vida con el sacrificio de Jesús, pero me siento llamada a ser su Fiel Compañera y por tanto a entregar también mi vida. Y a hacerlo libremente. ¿Qué significa “ser libre”? Al discernir mi vocación me di cuenta de que era libre al poder dejar en cierto modo mi trabajo, mis amigos, mi seguridad, etc y elegir un compromiso como consagrada; libre para elegir algo a pesar de lo que “el mundo” considera mejor; libre de elegir una cosa entre otras cosas buenas (trabajo, relaciones personales); al fin y al cabo, todo eso son regalos recibidos. Tal vez por todo esto me gusta esta oración, escrita por un español compañero de Jesús, Ignacio de Loyola. Es interesante que no siempre puedo rezarla porque a veces el costo parece superarme: Toma Señor y recibe… dame tu amor y tu gracia, que ésta me basta.

La vida como una FCJ continúa siendo para mí la respuesta a una invitación de Dios, a una experiencia del amor de Dios. Esta invitación es tan profunda y tan fuerte que se siente la necesidad de responder poniendo la vida en las manos de Dios. Es una invitación a compartir la vida y la misión de Jesús, haciéndole presente en el mundo al vivir como el vivió, célibe, pobre y obediente. Con mi compromiso quiero ser instrumento del poder que el nombre de Jesús tiene para curar heridas y llevar salvación y esperanza a nuestro mundo. Esta convicción y un profundo agradecimiento son lo que me sostiene día a día.

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Mi camino acaba de comenzar
Afra Primadiana fcJ, de Indonesia

Foto de Afra con una familia indonesia.Hace ocho años, cuando hice mis primeros votos, me dije: ‘El camino de mi vida acaba de comenzar.’ Ahora, con ocasión de mis votos perpetuos, veo que esa frase todavía se cumple: ‘Acabo de comenzar’.

Nací en Merauke en 2 de agosto de 1968. Mi familia es originaria de Yogyakarta. Soy la tercera de cinco hijos y crecí en Yakarta. ¿Ser hermana? Ya estaba la idea, incluso cuando era pequeña. Pero no era constante. Cuando estaba en la escuela primaria quería ser hermana porque me interesaba su estilo de vida. En la secundaria intenté olvidarme del tema, especialmente porque muchas de mis amigas tenían la misma idea. No quería ser como las demás. Después el deseo se hizo más fuerte porque quería compartir mi vida sirviendo a los pobres. Quería ir a Papúa y vivir con la gente de los pueblos de allá. Mi director decía que el deseo no es suficiente. ¿De verdad? ¡Pero la intención es muy buena! Por fin en la universidad tuve una experiencia espiritual profunda que cambió mi vida. Sentí que Dios me amaba y me quería tener, muchísimo. Dios quería que fuera como soy. Por tanto, si en ese momento me hubieras preguntado si quería ser religiosa, hubiera contestado '¡estaba inundada por el amor de Dios y me enamoré de Dios!'

Empecé el postulantado el 29 de septiembre de 1991 y después el noviciado el 26 de agosto de 1992. Hice los primeros votos el 18 de septiembre de 1994. Todo esto ocurrió en Yogyakarta.

¿Por qué digo que ‘acabo de comenzar’? Primero porque simplemente ser hermana no es mi principal objetivo. Si lo fuera, querría decir que después de hacer los primeros votos ya no tenía que hacer nada más. Ser hermana es elegir una forma de vida en la que me ofrezco totalmente al amor de Dios y crezco en amar a Dios. Es el camino de toda una vida.

Segundo, porque la fidelidad no puede medirse en la cantidad de tiempo que viva en un convento. La fidelidad no puede medirse en cantidad sino en calidad. Cada minuto es un momento para seguir intentando vivir como fiel compañera de Jesús. El amor de Dios es nuevo cada mañana. Mis votos al Señor también se renuevan cada día. Por tanto, cada día digo: ‘Acabo de empezar’.

Como dice el Salmo 85:11, ‘ el amor y la fidelidad se encontrarán.’ El amor de Dios se encontrará con mi fidelidad, y mi amor se encontrará con la fidelidad de Dios.

Hoy doy gracias al Señor llena de alegría por su amor fiel en mi vida y por su llamada. Doy gracias por el amor y la fidelidad de quienes me han acompañado: mi familia, amigos cercanos, comunidades fcJ de todo el mundo, las personas a las que he conocido en mi apostolado y las que me han apoyado y desafiado a crecer. Gracias. Que Dios las bendiga para que puedan vivir también en amor y fidelidad a Dios.

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'Soy, de todas, la más bendecida...'
Agnes Samosir fcJ, de Indonesia

Foto de Agnes con estudiantes.Nací en Banjarbaru (Borneo del Sur) el 30 de Enero de 1969. Soy la tercera de los cinco hijos de Víctor Samosir y Mariani Marpaung. La semilla de mi vocación comenzó cuando entré en el grupo de monaguillos, del organista y del coro de niños "Ascensio" con el P. A. Soetanta, SJ, en la parroquia de San Francisco Javier de Tanjung. Priok, North Jakarta. La semilla creció más y más mientras estaba en el Colegio Secundario Ursula, estudiaba en el profesorado Sanata Drama (ahora universidad) y participaba en una Comunidad de Vida Cristiana (CVX). Esta valiosa experiencia me animó a entrar en la Sociedad FCJ, cuyo nombre todavía me era desconocido.

Durante el postulantado, el noviciado y la profesión temporal pasé por un camino con curvas que me llevó a entender la vida como expresa Henry Viscardi en su reflexión:

Pedí fuerza a Dios para tener éxito.
Recibí debilidad, para poder aprender a obedecer humildemente.

Pedí salud, para poder hacer cosas mayores.
Recibí enfermedad, para poder hacer cosas mejores.

Pedí riquezas, para poder ser feliz.
Recibí pobreza, para poder ser sabia.

Pedí poder, para ser alabada por los demás.
Recibí debilidad, para poder sentir que necesito a Dios.

Pedí todas las cosas para poder disfrutar la vida.
Recibí vida para poder disfrutar todas las cosas.

No recibí nada de lo que pedí, pero si todo lo que esperaba.
Casi a pesar de mí misma, mis oraciones fueron escuchadas.

Soy, de todas, la más bendecida.

Esta forma de entender la vida me animó a tener el coraje de decir "SI" con todo mi corazón y toda mi mente a la llamada a ser una fiel compañera de Jesús para toda la vida.

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¿Quién soy yo?
MaryAnne Francalanza fcJ, de Malta

Foto de MaryAnne con una compañera FCJ de Indonesia. Me llamo MaryAnne Francalanza y vivo en la Provincia Británica. Soy de Malta – una pequeña isla del Mar Mediterráneo. Viajé de Malta a Inglaterra para conocer a las FCJs. Contacté primero con ellas por Internet:-) Estudié matemáticas en la Universidad de Malta y me preparé para ser profesora aquí en Inglaterra. Enseñé matemáticas en un colegio secundario de Hounslow y me gustó muchísimo. Hay algo en enseñar a niños que me da mucha vida. Es a la vez una responsabilidad enorme y un gran privilegio.

Nunca me había imaginado que mi camino con Dios me iba a traer aquí – pero a pesar de eso siento que estoy en casa. Durante varios años había ido creciendo rodeada de la espiritualidad ignaciana, porque trabajaba con los jesuitas en Malta y sentía que éste era el camino que debía tomar para encontrarme conmigo misma y ser la mejor persona que podía ser.

Me sentí atraída por la Sociedad FCJ por varios motivos. Buscaba mujeres ignacianas cuyas vidas tengan sus raíces en Dios y cuya obra sea una continuación de la misión de Jesús. Buscaba un grupo de personas que abrace al mundo con todas sus alegrías y sus penas, y no tengan miedo de ‘vivir plenamente’. Buscaba un lugar donde pudiera usar los dones que Dios me ha dado para su Reino, y donde poder hacer esto caminando junto a personas con el mismo deseo. Para mí, la Sociedad FCJ es ese lugar.

En septiembre del 2001 comencé los dos años de noviciado. Fue un tiempo de bendiciones, lleno de desafíos y descubrimientos. Hubo momentos de alegría y de dolor, pero descubrí cosas muy hermosas dentro de mí, y me di cuenta de que me queda mucho que aprender.

Pero si tuviera que volver a empezar ¡no cambiaría nada!

Hice los primeros votos en 2003. Puedes leer más sobre mi ceremonia aquí.

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La Búsqueda de Dios
Ann McGill fcJ, de Canadá

Foto de Ann en un momento de reflexión. La vida de las consagradas y los consagrados trata explícitamente de “la búsqueda de Dios”. Por eso la vida religiosa intenta de ser “un signo” que puede y debe inspirar a otros para que vivan su llamada particular. También da testimonio de la presencia y el amor de Dios en el aquí y ahora, y al mismo tiempo apunta a nuestra “patria” final, la ciudad celestial que Dios nos ha preparado.

Sí, Dios elige a quien quiere, y toma la iniciativa en la vida de una persona. Igual que Abraham y Sara y tantos otros que nos han precedido, Dios nos llama a caminar con fe, a confiar en las promesas de Dios, a partir aunque no sepamos el destino. Como Religiosas, estamos llamadas a hacer que la relación con Dios sea la relación más importante y la que defina nuestra vida. Estamos llamadas a hacer de Cristo nuestro Primer Amor. Y creo que es muy importante repetir esto, que nuestra vida principalmente tiene que ver con el Amor, con ser el rostro del amor y la compasión de Dios para nuestro mundo, ya sea mediante el apostolado de la oración en las comunidades monásticas, o mediante la respuesta más activa a las necesidades que nos rodean.

La invitación de Dios puede tomar la forma de una inclinación interior a tener una vida espiritual más profunda. O puede tomar la forma de una pregunta o comentario de alguien que nos conoce bien. No hay límites sobre cómo Dios puede despertar en una persona la sensación de que le puede estar dando este regalo.

Al comienzo, es típico que las personas duden, nieguen o traten de hacer oídos sordos al susurro de Dios que agita ‘‘algo’’ incómodo dentro de su corazón. Puede que sientan que no son lo suficientemente santos, lo suficientemente buenos, que son demasiado jóvenes o demasiado viejos, demasiado pecadores, etc. A menudo la comunicación de Dios no es tan dramática como la del encuentro de San Pablo con Dios en el camino a Damasco, sino simplemente Dios nos habla en las circunstancias normales de nuestras vidas y nuestras relaciones. No obstante, creo que cada una de nosotras recibimos nuestras pequeñas “zarzas ardientes ” o “anunciaciones” si tenemos ojos y oídos y corazones para percibirlas en la rutina diaria. Por eso la oración regular, y la reflexión sobre nuestra experiencia son importantes para desarrollar un corazón sensible, y así captar la pequeña y silenciosa voz de Dios entre el ajetreo de nuestras vidas.

En mi caso, sentí este secreto deseo antes de la adolescencia, y creo que fue disparado principalmente al leer historias de “misioneros en tierras lejanas ” en revistas que recibíamos en casa todos los meses. Como muchos hoy, no tenía contacto con hermanas, hermanos o sacerdotes, aparte de ver al párroco en la iglesia o cuando a veces visitaba el colegio. Después de terminar mis estudios trabajé en una oficina, pero esto no me llenaba. Participaba en las actividades sociales y relaciones del trabajo y aunque era divertido, me dejaba queriendo algo más. Dios estaba tirando de mi corazón.

Para calmar esta vocecita insistente decidí hacerme enfermera, pensando que era algo bueno a lo que dedicar mi vida – ayudaría a otras personas. Fue un tiempo realmente positivo y lleno de crecimiento. Pero después de varias experiencias de trabajo como enfermera en el Reino Unido, surgió la oportunidad de ir a Canadá. Y partí, pensando otra vez que el estar en un país nuevo y conocer a gente nueva satisfaría este fastidioso deseo de algo más. Bueno, vine a Canadá y viví en Calgary. Tenía un trabajo, un departamento, un auto y todo lo típico de una profesional soltera de esa época. Tenía un círculo de amigos cercanos a los que les gustaban las actividades al aire libre con los que salía de excursión y a esquiar frecuentemente. Participaba activamente en la parroquia. Seguía estando cerca de mi familia. Era una vida buena, pero seguía sintiendo que me faltaba algo. Tenía una sensación persistente y fastidiosa de insatisfacción con mi vida a pesar de todo lo que tenía y disfrutaba.

Hice un montón de oración y lectura espiritual. Solía sentirme frustrada con Dios, preguntándome porque Dios mantenía su plan para mi vida tan secreto y misterioso, cuando lo único que quería era hacer su voluntad en mi vida. Finalmente encontré un director espiritual que me ayudó mucho y ahí las cosas empezaron a cambiar. Era bueno poder hablar con alguien de esta agitación interior que sentía. Y descubrí que había otras como yo, pensando en una vocación a la vida religiosa. Después de un par de años de oración personal y comunitaria, conversaciones, discernimiento, visitas y experiencias breves en distintas congregaciones, todavía no me lanzaba. Un día estaba paseando en un parque con una hermana y hablando con ella de mi vida cuando paró y me miró a la cara, y dijo“Ann McGill ¿cuándo vas a pararte y a decir ‘presente’?”

Bueno, ¡eso lo consiguió! Que alguien a quien quería y en quien confiaba se me enfrentara así liberó algo en mi interior. Me liberó para dar un paso más. Y hay muchos pasos que dar desde que alguien pide entrar en una congregación hasta que hace su compromiso final. Lleva varios años y una encuentra muchos apoyos pero también muchos desafíos en el camino. Me acuerdo que me decía después de ese primer paso formal que “por fin estaba haciendo lo que siempre había querido hacer.”

Hay muchas “tormentas” soplando en nuestra iglesia y nuestro mundo, y algunos pueden pensar que la vida religiosa, la Iglesia y todos nosotros estamos “muriendo” de distintas formas. Pero el Espíritu de Jesús está todavía con nosotras y nos dice: “¿Por qué tienen miedo? ¿Ya no tienen fe?” Como los discípulos en la barca agitada por la tempestad, también nosotras estamos llamadas a invocar al poder y el Espíritu de Jesús y confiar en que nos guiará como Pastor en estos tiempos turbulentos. Al escribir esto me acordé de las palabras del poeta Christopher Fry:

“La miseria congelada de siglos se rompe, se quiebra, empieza a moverse...
Gracias a Dios que nuestro tiempo es ahora cuando por todas partes el mal se levanta para enfrentarnos.
No nos dejará hasta que demos el paso del alma más grande que jamás hayamos dado.
Ahora las cosas son del tamaño del alma, y el proyecto es la exploración de Dios.”

Sí, vivimos en tiempos turbulentos pero no estamos solas. Estamos llamadas personalmente y como iglesia a una apertura, confianza y dependencia de Dios que son radicales. Como dice el poeta, puede que se nos esté llamando a dar el paso del alma más grande que jamás hayamos dado.

Dios es un Dios paciente, fiel, dulce, pero insistente. Si tú o alguien que conoces siente que Dios le está invitando a ser hermana, hermano o sacerdote, te animo a ti y a ellos a que busquen a alguien que les pueda acompañar y guiar y ayudar a discernir el camino que tienen por delante.

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Dios llamando en mi Vida
Luminiţa Popescu fcJ, Rumana

Foto de Luminita, fcJ.En 1987 estudiaba en el Instituto Politécnico de Galati, Rumania, intentando encontrar a Dios en mi vida como cristiana ortodoxa. Mediante una compañera encontré la Iglesia católica y puedo decir que así es como encontré también a Dios.

Mi primer encuentro con los jesuitas fue en 1991 cuando fui a un retiro con un sacerdote jesuita. Este tiempo de reflexión, ayudada por el espíritu ignaciano, disparó mi desarrollo espiritual. En otras palabras, este espíritu fue plantado en mi corazón como una semilla lista para abrirse en cualquier dirección espiritual que los jesuitas me dieran.

Cuando conocí a las Hermanas FCJ me encantó escuchar que tenían profundas raíces en la espiritualidad ignaciana (tan querida para mí). Fue un comienzo muy positivo. Después me sentí atraída por su apertura, su carisma de acompañar a otros, en cualquier lugar y momento. La Virgen María tiene un lugar especial en mi corazón y me tocó mucho el hecho de que las Hermanas tuvieran una oración especial a Nuestra Señora en la que la llaman Reina, Superiora General y Madre.

Iluminada por Dios y ayudada por los jesuitas, observando la vida y el comportamiento de las Hermanas, y escuchando a mi corazón, me dije: "Creo que Dios quiere que sea FCJ." No fue fácil llegar a este punto, porque yo no hablaba inglés, la congregación era nueva en Rumania, y yo era la única rumana en ese momento. Pero sabía (y todavía sé) que Dios es fiel a la llamada que me había hecho, y que si tenía paz interior y estaba en la misma longitud de onda que las hermanas, todo estaría bien. Han pasado ocho años y en ellos he recibido mucho de Dios y de las hermanas; han sido años llenos de bendiciones. No tengo palabras para dar gracias a Dios y a las hermanas por todo lo que he recibido.

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El llamado a ser una Fiel Compañera de Jesús
Mary Rose Rawlinson fcJ, Canadiense

Foto de Mary Rose descansando en las montañas.En enero de 1960, cuando le dije a mi madre que quería ser Hermana, una Fiel Compañera de Jesús, me preguntó qué sabía de las FCJ. “Bueno”, le dije, “¡se visten casi siempre de negro, lo que más hacen es enseñar, y nunca van a casa!”

No parece suficiente información como para basar una decisión de cambio de vida, pero a medida que reflexiono sobre aquellos días, me doy cuenta que sabía mucho más que eso.

Comprendía que convertirse en Hermana era penetrar en una relación de amor. Del testimonio de vida de mis padres particularmente, era consciente de que una relación de amor comprometida y fiel, depende de mutualidad, apertura, comunicación y confianza.

Sabía que convertirse en Hermana era una expresión de mi deseo de vivir mi vida para otros, sin egoísmo. Sabía que quería ser útil a Dios y dispuesta a servir al Pueblo de Dios. Mi padre decía que era mejor terminar la universidad antes, graduarme en medicina o educación y luego ofrecerlo a Dios. Me parecía una buena sugerencia y me tentaba. Pero tenía el inmenso deseo de ofrecerme yo misma a Dios y dejar que El me usara del modo que dispusiera.

Sabía que ser Hermana suponía una vida dedicada exclusivamente a Dios, como dice el Salmo 62: “Mi alma descansará sólo en Dios....” Comprendía que ser Hermana implica un compromiso de no casarse, ni tener hijos. No era una decisión fácil de tomar y a veces ha sido una decisión difícil de cumplir.

La gente me preguntaba, “Pero ¿cómo sabes que Dios te ha llamado? ¿Es que has escuchado la voz de Dios llamándote?”

Bien, ¡ciertamente no había escuchado su voz, ni había recibido una carta de Dios! Había considerado varias alternativas de vivir mi vida: como mujer soltera, casada, como Hermana Religiosa; y cuando trataba de orar, cuando trataba de preguntarle a Dios qué era lo que El quería, siempre persistía la idea de convertirme en una hermana. Nunca obtuve respuestas, simplemente un gentil y persistente sentido de “¡Ven y lo verás!”.

Al principio le dije a Dios, “Bueno, la vida de hermana puede estar muy bien para algunas personas, y probablemente lo sea, pero realmente no es para mí.” ¡Pero la idea nunca se alejaba de mí! Entonces le dije, “Muy bien, Dios, tal vez sea para mí, y si eso es lo que tú quieres de mí, voy a ser Hermana, pero no hasta que haya terminado la universidad.” ¡Más aún persistía la idea! Finalmente, le dije a Dios, “Si quieres que sea hermana, lo seré, cuando tú quieras, sólo dime cuándo.” Entonces decidí ingresar al noviciado. Sabía que si la Comunidad me decía que era muy joven y que necesitaba esperar un tiempo, ¡sería señal de que Dios también quería que esperara!

Fui aceptaba y treinta y ocho años después aún sigo dando gracias a Dios por haberme llamado a esta vida, me siento muy feliz viviendo como Fiel Compañera de Jesús. Ahora, en 1998, nuestro mundo tal vez sea más complejo. Ciertamente, nuestra comunidad pediría a una joven que tuviese más experiencia de la vida antes de tomar la decisión de ser Hermana. También en la Iglesia, en estos treinta y ocho años, ha cambiado mucho la vida religiosa. El Concilio Vaticano II ha ejercido una enorme influencia en todas nuestras vidas. ¡Las Hermanas FCJ ya no usamos vestidos negros, ejercemos muchos ministerios además de la educación, y mantenemos una relación muy estrecha con nuestras familias! Pero las cosas esenciales se mantienen intactas. La Vida Religiosa, la vida de una Hermana Fiel Compañera de Jesús, todavía es una relación de fe y de amor comprometido. La Eucaristía sigue siendo el corazón de nuestra vida apostólica y comunitaria. Para mí es un gran gozo sentirme útil para Dios, saber de alguna manera que he sido invitada a convertirme en socia de Dios, en acompañante de Jesús, en el trabajo contínuo de Dios de la creación y de la redención. Sé que quiero servir a Dios como Dios quiera, que quiero ser útil a la gente como Dios desee. Sé que las cosas por sí mismas no me hacen feliz, pero ser Religiosa, comprometida a amar, ¡sí me hace muy feliz! La decisión de convertirme en una Hermana no fue una decisión que hice una sola vez; es, más bien, ¡una decisión que hago cada día!, ¡Llegar a ser una Hermana Fiel Compañera de Jesús lleva toda una vida!

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Si quieres saber más
sobre la vocación para ser hermana FCJ
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Deberíamos estimar mucho nuestra vocación religiosa,
       porque Dios no podría haber derramado sobre nosotras
                mayor gracia que llamarnos a este servicio especial.     (Marie Madeleine)