|
Desde hace algún tiempo yo inicié lo que algunos llaman “Los Años Dorados”. La ocasión especial más reciente de esta era sucedió hace unos cinco años, cuando se planeó mi reunión con una Hermana mucho más joven al norte de British Columbia.
Mi nombre es Hermana Mary Shea, pertenezco a la Sociedad de las Hermanas Fieles Compañeras de Jesús. Tengo ochenta y cuatro años (voy para los ochenta y cinco), y rápidamente me enamoré de mi casa nueva y de mis amigas en Smithers, B.C.
Nosotras solemos decir que las Hermanas nunca se retiran. Lo primero que la gente me preguntaba cuando llegué fue: “ ¿Qué es lo que vas a hacer? ” Mi autodefensa era decirles mi edad y que no tenía ninguna tarea asignada.
De modo que aquí estoy y, por supuesto que tengo un ministerio. Sí, me involucré en la vida parroquial, me incorporé a las actividades, tomé mi lugar como Ministro de la Eucaristía, visité a la gente en sus hogares y en el hospital, fui a la escuela a ayudar a los niños en sus lecturas, He sido tutor de un muchacho en francés, he ayudado a una señora griega con su ingles, he estado dispuesta a colaborar con aborígenes comprometidos en la comunidad, y he colaborado en todo lo que se haya necesitado.
Frecuentemente tenemos huéspedes en la casa. Me encanta esto, pues la hospitalidad es uno de mis ministerios. Mi compañera, Hermana Theresa Smith, trabaja con los aborígenes y ambas asistimos a su comunidad nativa en los funerales y sus festividades.
Yo diría que tengo un ministerio de presencia en la comunidad parroquial y en la ciudad. Lo que yo “hago” es el resultado casual de mi presencia.
Por supuesto que existe la vida cotidiana meditación diaria, oraciones en la iglesia y la misa diarias, y todos los demás aspectos de la vida. Mi Compañera, Hermana Theresa Smith y yo nos turnamos en dirigir la oración y en preparar la comida.
|