
Las Hermanas FCJ – Fieles Compañeras de Jesús – son contemplativas en acción – llamadas a ser compañeras de Jesús y entre ellas y a trabajar en el mundo, a estar donde Jesús estaría. La esperanza y el deseo que compartimos al intentar responder en nuestra propia manera a la sed de Cristo en el mundo nos inspiran para responder con todo el corazón y con alegría.
Mientras consideras tu vocación – tu llamada personal de Dios – pueden ayudarte las preguntas y reflexiones de dos Hermanas FCJ que entraron recientemente.
Conoce a MariJoxe and Anouska:

MariJoxe Anouska
¿Cómo podrías escuchar a Dios que te llama?
¿Sientes que la vida que llevas no es suficiente,
que te falta algo
y que no sabes qué es
pero sabes que está relacionado con Dios?
En pocas palabras he descrito lo que sentí durante algún tiempo. Vivía feliz, pero después de terminar en la universidad me di cuenta de que mi alegría venía de Dios y de las cosas de Dios. Sentía alegría cada vez que me imaginaba al servicio de Dios y alabándolo con toda mi vida, en lugar de formando una familia o con éxito profesional. Y tenía un fuerte deseo interior de seguir ese camino.
Jesús me daba todo lo que Él era, habiendo sido puesto en la Cruz por mí. ¿Qué podía devolverle? ¿Mi tiempo? ¿El dinero que podía ganar como ingeniera? ¿Tal vez mi inteligencia?... Estas preguntas volvían una y otra vez.
No, podría darle el máximo: todo junto: mi vida entera. La vida que incluye mis dones, mi tiempo, el dinero que pueda ganar… yo misma.
¿Sientes a veces que todos los demás tienen una vida estupenda,
pero que tú necesitas ver qué hacer con la tuya?
Sí. Tenía un título universitario, un trabajo, una casa, un gato, un perro – todo lo que el mundo me decía que me haría feliz, pero me faltaba algo… Dios.
Sentí este profundo deseo de averiguar más sobre mi fe católica cuando tenía 16 o 17 años, y durante varias semanas me reuní frecuentemente con un sacerdote que me ayudó a descubrir la belleza de la Iglesia en la que habías sido bautizada muchos años antes. Nunca pensé que esta búsqueda me llevaría a la vida religiosa – cuando empecé a pensar en ello, todo eso me asustaba y no sentía que tenía que ver conmigo. Visité dos congregaciones, una apostólica y después una contemplativa. En la primera me sentí bien, el aspecto comunitario era muy bueno, pero el apostolado no era para mí. Cuando visité la orden contemplativa, encontré lindas mujeres pero no era ‘mi’ sitio.
A mi modo de ver, después de dos visitas de fin de semana, se terminaba lo de la vida religiosa. Lo había pensado, había buscado y no había encontrado, y por tanto la búsqueda terminaba ahí. Iría a la universidad, me enamoraría desesperadamente y me casaría. Pero Dios tenía otras ideas.
Me he enamorado, es verdad, pero mi llamada a la felicidad y a la plenitud no está en el matrimonio.
Vino la graduación, luego un trabajo, pero todavía me faltaba algo. Dios me estaba formando para que estuviera dispuesta a decir ‘Sí’. Finalmente llegué al momento de rendirme ante Dios. Había intentado tener el control, hacer esto, vivir lo otro, elegir esto, dejar lo de más allá –pero seguía teniendo un vacío en mi interior, y parecía que iba haciéndose más grande y más difícil de ignorar
Después de pasar la Pascua con amigos, en la celebración de la Vigilia Pascual, me sentí incapaz de seguir negociando con Dios. Llena de lágrimas, maravillándome de lo que Dios había hecho, me escuché decir: ‘que no se haga mi voluntad sino la tuya’ – al rendirme se abrieron las compuertas, finalmente podía decirme a mí misma y a otros que Dios es el centro de mi vida, mi vida se centrará en Dios y en la Iglesia, como religiosa, si tener idea de dónde, qué o cómo. De hecho el dónde, qué o cómo no parecían preocuparme, Dios se encargaría de todo. Rendirme a El era todo lo que le podía ofrecer y se lo ofrecí de todo corazón, y me sentí completamente en paz
En esta paz busqué en Internet. En realidad no sabía nada sobre la vida religiosa o las distintas congregaciones, pero Dios trabajaba hasta mediante Internet y me llevó a esta página www.fcjsisters.org.
Entonces tenía 26 años – ¡Dios trabaja despacio, pero con eficacia, y nunca se rinde! Participé en un fin de semana vocacional y en esta primera reunión sabía que había encontrado la pieza que faltaba. Si mi vida era como un rompecabezas de cuatro piezas, había estado viviendo con tres, pero de pronto había encontrado la cuarta, y no quería dejarla escapar.
La oportunidad de encontrar hermanas que habían entregado sus vidas a Dios, que estaban vivas, enamoradas y felices, y de todas las edades, me inspiró a hacer lo mismo. Sentía que podía ser exactamente quien Dios me llamaba a ser, y vivir plenamente.
Siguieron dos años de acompañamiento antes del postulantado, dos años de crecimiento, profundizando el deseo y probando la llamada de Dios. Sentía deseos de esas reuniones y cada vez que me marchaba sentía que dejaba allí algo de mí. Sin embargo, todo lo que Dios me estaba pidiendo en ese momento era esa espera, y esto hizo que mi entrada inicial como postulanta, luego como novicia, y ahora como hermana con votos temporales, fueran bendiciones muy especiales.
Ahora tengo 31 años, han pasado tantos años desde que empecé a pensar en la vida religiosa a los 16-17 años, pero Dios ha estado conmigo en toda esta búsqueda, y está conmigo cada día conduciéndome en mi vida diaria de fiel compañerismo con su hijo, Jesús.
¿Qué me atrajo a ser FCJ?
Lo que me atrajo al comienzo y lo que sigue atrayéndome ahora – 5 años después, ¡es la VIDA! Veo que las FCJs, jóvenes y mayores, tienen un espíritu que está vivo y enamorado.
Somos contemplativas en acción – llamadas a ser compañeras de Jesús y entre nosotras y a trabajar en el mundo, estar donde Jesús estaría. La esperanza y el deseo que compartimos al tratar de responder a nuestra manera a la sed de Cristo en el mundo me inspiran a responder, en mi apostolado como maestra y en cómo vivo toda mi vida.
Cuando conocí a las FCJs en Londres, su libertad interior ante Dios y lo cómodas que se sentían en su presencia me fascinaron. ¡Su peculiaridad, su fe profunda y confianza en Dios y en sí mismas se mostraban en cómo abrían las puertas del convento a mujeres desconocidas!
El primer encuentro me llevó después a una visita de una semana (después de un año y medio) cuando sentí la invitación clara de Dios a intentar ser su discípula y probar mi vocación con las FCJs. Era una clara respuesta a mis oraciones, que había estado pidiendo a Dios, porque casi no tengo intuición para los sentimientos.
El entusiasmo de las hermanas FCJs, su orgullo de ser religiosas, su coraje al compartir su vida y su fe conmigo, su confianza en mí (me dieron las llaves de la casa) y su apertura en hablar de Dios me atrajeron como si hubiera sido hechizada. En realidad, me sentía tan fascinada por Dios y por las hermanas que pedí una experiencia de vida comunitaria de tres meses para discernir si era lo que Dios me estaba pidiendo.
¿Qué hace falta para ser FCJ?
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Amor y una dependencia completa de Dios y de su hijo, Jesús –
Mucha apertura a quienes te acompañan en el camino, hermanas y superioras, Optar por ver el mundo como Cristo lo ve, Riesgo y energía! Somos una congregación pequeña, internacional |
Todo lo que Dios pide es un corazón abierto, que pueda usar, y en las palabras de nuestra fundadora:
“Dios tendrá que llevarme de la mano; tendrá que hacer todo el trabajo él mismo.”
Y Dios lo hace, le di mi ‘Sí’ sin saber adónde me llevaría, ¡pero puedo decir que es el mejor viaje que he hecho y me encanta! ¡Espero que dure mucho!
Anouska Biggin fcJ
Ahora, soy una postulanta FCJ, y sé que Dios escucha nuestras oraciones (¡tal vez de una manera totalmente inesperada!) y que me está llevando donde sabe que es mejor para mí.
MariJoxe Azurtza Sorondegi
Afra Primadiana fcJ
Ser hermana es elegir una forma de vida en la que me ofrezco totalmente al amor de Dios y a crecer en amarlo. Es un camino de toda una vida.
La fidelidad no puede medirse en cantidad sino en calidad. Cada minuto es un momento para seguir intentando vivir como fiel compañera de Jesús. ¡Todas las mañanas el amor de Dios es nuevo!
MaryAnne Francalanza fcJ
Buscaba mujeres ignacianas cuyas vidas tuvieran sus raíces en Dios y cuyo trabajo fuera la continuación de la misión de Jesús. Para mí, ese lugar es la Sociedad FCJ.
Buscaba un grupo de personas que abrazaran al mundo con todos sus gozos y sus penas y que no tuvieran miedo de vivir plenamente. Para mí, ese lugar es la Sociedad FCJ.
Buscaba un lugar donde poder usar los dones que Dios me ha dado para su Reino, y hacerlo con otras personas que pensaran igual que yo para poder caminar juntasPara mí, ese lugar es la Sociedad FCJ.
Alicia Pérez fcJ
Me estaba dando cuenta de que Dios me estaba invitando
a una intimidad cada vez más profunda
y a ser parte de la misión de Jesús
de proclamar el amor de Dios a todo el mundo
¿Escuchas la llamada de Dios?
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Lee Historias de Vocaciones FCJ